martes, 17 de febrero de 2009

Nace la primera Red Virtual en la ENS....

Con gran alegría reportamos el nacimiento de la primera Red Virtual en la ENS, y no es gratuito que hayan sido quienes gestaron el Proyecto de blogs de Medios Ens Neiva, ahora ellos son estudiantes del Primer Ciclo de Formación Complementaria.

Los docentes de este Ciclo, el rector y los coordinadores recibirán invitación a que se sumen a este espacio pedagógico que se convierte en el diario pedagógico que ya ellos están escribiendo. Felicitaciones muchachas y muchachos.

La dirección es: http://pfcensn.ning.com/

Pronto se irán sumando los demás ciclos. Con el Proyecto de Medios ENS Neiva y el colectivo de comunicación del proyecto de Servicio Social o Práctica de estudiantes de once se iniciará el proceso de ir integrando a todos los niveles y grados de la institución.

Están invitados a visitar esta experiencia.

Correos:

mediosensneiva08@gmail.com

alnogal05@gmail.com

A propósito de las Redes a las cuales este proyecto ha sido invitado a ser uno de sus miembros, extiendo la misma a los docentes de la ENS y a los estudiantes, junto a los maestros, se les invita a recorrerlos; en ellos encontrarán experiencias, documentos, eventos y herramientas para el trabajo en el aula apoyándose en los recursos que nos ofrece la tecnología y la informática. Son espacios interactivos para participar.

domingo, 15 de febrero de 2009

Paso a paso...

Ya, mediados de febrero, no se terminan de ajustar los ritmos de la comunidad normalista, ya se anuncia el regreso del espacio de la emisora escolar, también se adecuan los espacios para dos salas nuevas de computadores con sus conexiones de internet. El 16 de febrero los estudiantes del tercer semestre del Ciclo de Formación Complementaria llegan a las sedes de primaria de las Brisas, Escuela Popular Claretiana en los grados de Preescolar a desarrollar sus prácticas.

El reto que se ha impuesto la Escuela Normal para este año es que estas prácticas, asumidas como procesos de investigación, arrojen como resultado el diseño de una propuesta curricular para el Preescolar. En esta práctica, al responder a la pregunta, ¿Quiénes somos?, se pretende configurar el perfil del niño de preescolar.
Por el número de practicantes se hizo necesario contar con la colaboracíón de otra sede de preescolar de otra institución. El IPC y su sede Picardías recibirá a nuestros practicantes. Esta sede merece una reseña especial, es un espacio ejemplo de gestión por parte de las maestras que colocan como referente de su ejercicio y compromiso pedagógico el ambiente maravilloso que construyen "para sus niños"; quedamos en deuda con imágenes de la misma. Como uno de los resultados de las prácticas es la elaboración de blogs donde se socialicen estas experiencias, entonces será el momento de hacer visibles estos ejemplos significativos para aprender de ellos.

Reseñamos también el nacimiento de una Red a la que nos invitan a participar, esta es de nuevo una propuesta de la profesora de la capital Bogotá, María Mercedes Pacheco, donde busca "compartir reflexiones sobre comunicación y medios y su incidencia en la transformación de la escuela, por esto verás a Freinet y a Freire en primera línea... luego vendrán otros." Aquí estamos invitados a proponer nuevos fundadores de innovaciones pedagógicas. De ella recibimos un nuevo abrazo y la alegría compartida que dan estos encuentros. Aquí estamos invitados, no sólo los maestros, sino también los estudiantes. Este blog será objeto de análisis en un próximo encuentro, nos escribe la profesora María Mercedes.

Desde aquí un abrazo y el empeño por sumar al de ella, el de ver crecer las nuevas redes académicas que requieren crearse para pensar y repensar las transformaciones de una nueva escuela que convoque un nuevo país, un nuevo continente americano y un planeta con ambientes limpios, transparentes, sanos, un Imagine..., sí..., John Lennon..., para que la felicidad total sea para todos, no sólo como derecho, sino también como realidad.

Por supuesto que ya nos sumamos a esta red: Escribimoscontics en el blog Otra lectura.

domingo, 25 de enero de 2009

Sábado en la mañana...


Hace 22 años, como maestro en la primaria, tenía dentro de mi vocación naciente[i], como acto sagrado, el reunirnos, mis alumnos y yo, todos los sábados en las mañanas de 8 a 11 a jugar a hacer teatro. Entre semana, las lógicas de la academia de la época no abría espacios para hacerlo; el sábado era una alegría la escuela sin horario, sin campana que ordenara tiempos, eran las palomas revoloteando tranquilas en el patio y sus currucucuúuu…; toda la escuela sola a nuestra disposición[ii]: las explayadas sombras de los cujíes y de un inmenso almendrón eran el escenario natural para el ensayo de los montajes de poemas de Rafael Alberti como “El tonto de Rafael” y su “Pregonero” y el maravilloso “Buster Keaton busca por el bosque a su novia que es una verdadera vaca”, Tagore y su Amal y Sada, también “El canto de la creación” a partir de la poesía aborigen americana. Habría que preguntarle a los niños de aquella experiencia, cuáles son sus recuerdos de la escuela que va en ellos, me los imagino ahora ya profesionales, con sus hogares estableciéndose, algunos ya con sus hijos…¿?¿?...; los míos son los de los tiempos de la Arcadia, del paraíso inventándonos una nueva escuela, era la manera de confrontar los tiempos de desapariciones, asesinatos de sindicalistas y otros líderes de izquierda, estoy hablando de los años 1987-1992. Allí, además de hacer teatro, escribíamos guiones, canciones, poemas y de estas sensibilidades vividas surgen también las revistas “El tren de la luna nueva”, inspirada en Tagore y luego “La pajarita de papel”, más por los lados de Lorca y Alberti.

Ayer sábado 24 de enero, como un acuerdo para adelantar los tres días de la Semana Santa, nos reunimos todos los maestros de la institución: los de Preescolar y la Básica Primaria, urbanos y rurales, los de la Básica Secundaria, Media –ahora de Formación inicial, y los del Ciclo de Formación Complementaria para tratar asuntos de planeación institucional. La agenda desarrollada se dio, en una primera sesión de 7 a 9:30, la presentación, por parte del rector Libardo Perdomo, del decreto 4790 del 19 de diciembre de 2008[iii]. Desde ella se abre espacio para aterrizar en opiniones y propuestas para asumir los retos que nos implica la verificación de calidad de nuestro programa de formación de maestros para preescolar y la básica primaria… Algo muy especial, como ganancia en la dinámica de estudio de nuestro quehacer, fue la atención de los asistentes (más de 100).
Luego del descanso el trabajo consistió en reunirse por colectivos de interés: los rurales, los de la Básica Primaria, los de Básica Secundaria junto a los de Media, los de Preescolar se reunieron con los maestros de Ciclo III y los estudiantes practicantes de este Ciclo para presentar y planear la práctica en preescolar.

La reunión del Ciclo con las maestras de Preescolar y los practicantes fue muy ilustrativa, enriquecedora y positiva al plantearse la práctica desde la planeación junto a los maestros titulares. La coordinadora de práctica, la profesora Gloria Martín, hace una excelente síntesis del proceso de investigación que se viene gestando desde la práctica de formación docente, a partir de la presentación en módulos de todas las fases que el reto de construcción de un currículo para preescolar ha implicado desde el 2005. Anuncio que ya, desde la plataforma de Ning propuesta desde Tutores de Calidad, se abrirá un blog especial para esta valiosa bibliografía.
Desde mi lugar fue una jornada muy productiva, ese uno de los pretextos de haber iniciado el presente escrito rememorando los tiempos primeros de escuela con los niños de la Escuela Central de Neiva.

Epílogo: Este texto tiene varios propósitos: el primero el que sea provocador de escritos de todos los maestros compañeros de la ENS, y desde ellos, el segundo empeño, crear sus propios blogs que permita recoger las reflexiones sobre las prácticas pedagógicas desde las experiencias personales. Éstas con el acumulado de 20, 30, 40 años que nos compromete, tanto como profesionales como por las experiencias mismas que merecen hacerse visibles.

Es una deuda el subir las síntesis de cada colectivo.

NOTAS:
[i] - La posesión como tal se dio en 1979-
[ii] Era en la Escuela Central Ricardo Borrero Alvarez de Neiva, una edificación de los años 40-50, amplia, con ventanales inmensos de persianas en madera.
[iii] http://www.lexbase.biz/lexbase/normas/decretos/2008/D4790de2008.htm
Ojeando prensa

Una invitación a los compañeros maestros a leer en el editorial de El Tiempo del 25 de Enero de 2009, el escrito de Yolanda Reyes “Barakobama Sandoval”:

miércoles, 21 de enero de 2009

Percepciones de a pie...


...más de caminante, al que lo detiene en asombro lo hermoso de la existencia, de la vida de los hombres, de sus actos heroicos; de maravillarse en la inconmensurable distancia que existe entre lo que irradia lo bello y el acto de tomarla en sus manos; la maravilla del deseo en éxtasis pleno y siempre ahí huracanando al sueño para impulsar a la utopía, eterna movilizadora de poesía, …el mismo que se debate ante lo absurdo de lo cruel de lo humano, de sus injusticias…

Así, desde ese lugar, el éxtasis de la multitud como en oración ante el discurso de Barak Obama, con la esperanza nueva, renovada en labios de un Estadista que revela el tejido de su existencia desde la exclusión de donde viene su raza, su cultura; él, planteándose ciudadano del mundo que le apuesta a la inclusión, al respeto de los pueblos, a la responsabilidad de todos por el destino de sí, pero también de la solidaridad con los más pobres…

Al volver a la realidad de nuestros pueblos, el de aquí, más necesitado de voluntad y ganas de hacer las cosas que la misma riqueza material, cuando hemos delegado el sueño a los discursos mediáticos; …al volver a la responsabilidad de nuestra misión como maestros de un lugar debatiéndose en una guerra sin atisbos de acabarla, según se lee de la actitud de no diálogo entre los contendientes, lo más penoso, que venga del mismo Estado la persistencia en la confrontación armada…; …entonces, al volver, luego de ver al Presidente de la nación más poderosa del mundo planteándose la esperanza y la mano tendida para la inclusión, para la construcción con el otro…, no queda sino, recordando el cuento “Historia Universal” de Gianni Rodari: arremangáos que hay trabajo para todos”, en la tarea de ir arreglando fallos del mundo, de la vida.


La esperanza, la inclusión, la multiculturalidad… esta nuestra tarea, la de este proyecto: hacer visibles a nuestros niños y los jóvenes, sus sueños, sus lecturas, sus realidades… Mariano Medina, un pedagogo argentino hace síntesis a la tarea inclusiva de los maestros en esta frase:


Así, desde el trabajo seguiré enredando; abajo ya había citado a una maestra maravillosa de la Red de Bogotá y ella, María Mercedes, desde esta red promociona una nueva red, la de “Tutores de la calidad” y en ella invitamos a visitar al maestro argentino HJ Luna, de entrada hay unas primeras diapositivas para empezar a definir un marco teórico, o mejor, un estado del arte sobre pedagogía, currículo y las tics: las tensiones en las transformaciones de la educación, las que se dan entre la escuela de masas y la escuela del Sujeto y más…

A propósito de Obama, el profesor Luna nos enlaza este link sobre el Presidente de EEUU y sus planes para Internet y las Nuevas Tecnologías.

Mientras navegan y se enredan los invitó a escuchar música en el blog de JARincón y a que también se sumen a la red de Tutores de la calidad.

lunes, 12 de enero de 2009

RENOVACION 2009

Como todo comienzo son buenos propósitos, los ideales a flor de piel como el amor, a ritmo de blues o samba, otros propondrán otros ritmos, un candomblé, una cumbia y los más jóvenes reggetón..., es una exageración como toda pretensión de enumerar un a uno, así que un violinista en el tejado o un saxo en luna llena, una marimba a las orillas del río Sanjuán en el Chocó o una quena en el Macizo..., tambores muchos tambores..., ...
¿Qué nos depara este 2009?..., en el fin del 2008 me he encontrado con una persona maravillosa a quien presento a ustedes desde su blog que desde hace un tiempo estaba en nuestros enlaces, pero ahora con más detenimiento y la tranquilidad que sólo se alcanza en vacaciones, luego de un diálogo largo con ella, el sitio es en "el espejo" dentro de la coctelera, ella: María Mercedes Pacheco..., a traves de la Red de Experiencias del Distrito Capital Bogotá...

Cada uno de sus títulos es un reto para nosotros, más autodidactas que formalidad, la nuestra de búsqueda de espacios de expresión más que planes de escuela... y como ya es hora de planes, pues este blog, al que invito, es un excelente referente para abordar la tarea pedagógica de formación desde el ir ganando saber entre la teoría y la práctica de ser productor, creador, aprendiz, lector y escritor de realidades... Es el diálogo en el ejercicio mismo de apropiación... Hay un dicho campesino que reza: "Conversando pero sacando tierra"
Así que manos a la obra... _Todos los blogs o enlaces se irán acomodando en nuevos blogs, ninguno desaparecerá.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

PARA UN 2009 LLENO DE FELICIDAD, PAZ Y PROSPERIDAD PARA TODOS, PRIMERO PARA LOS QUE NO LA HAN TENIDO...


Es costumbre al finalizar el año hacer balances, ahora coloco ante ustedes el que hace Eduardo Cote Lamus para estos días de infancia que es diciembre..., ojalá para todos fuera la de la felicidad. Hoy, en este corazón el de los niños palestinos, los de los niños desplazados, los de la calle, los huérfanos de las guerras, demencia adulta... Un paisaje ya extraño en estos tiempos modernos, no por ello deja de ser un grato lugar de nuestras memorias andinas... que este espíritu alimente el corazón de este nuevo año...

Nana en el tiempo
Eduardo Cote Lamus

Las hojas vuelven mi oído hacia los árboles
porque me voy deslizando bajo el ala de un sueño
hasta los días de la infancia en mi pueblo,
donde vivir era caso como soñar contigo.
Te voy a contar algo de mi infancia, por ejemplo,
de cómo vivía comprendiendo el tiempo.
Entonces tenía un calendario distinto:
Junio se llamaba viento
y por el cielo retoñaban las cometas
como estrellas silvestres;
Mayo era las orquídeas porque Madre se volvía más tierna
cuando tomaba una flor entre sus pétalos;
Julio era el sol,
la luz que se dormía en el tacto;
en agosto venían las grandes lluvias
y se desbordaba el río
que inundaba las semanas de septiembre;
de noviembre casi no me acuerdo
porque la niebla era tan espesa
que no dejaba ver los días:
alguien me dijo que era el mes de los muertos.
Diciembre llegaba con una gran estrella
donde nacía un niño;
en mi pueblo era llamado el mes de los niños;
allí terminaba el año
y comenzaba enero con una extraña alegría;
a mí me gustaba cómo sonreían las gentes por enero
-en un enero se murió una vaca que se llamaba Luna-.
Febrero era el mes de las siembras
porque Padre por ese tiempo olía a trigo
como si anticipara las espigas;
de abril y marzo sólo recuerdo los crepúsculos
y yo decía que eran los pájaros del año;
mas en octubre íbamos a mirar los cafetales
porque tenían besos como las muchachas grandes
y porque hasta el agua frutecía
al pasar entre los huertos.
Entonces era hermoso el año
porque el tiempo no existía.
Y ahora,
que me dices tu tristeza,
te regalo mi infancia
como antes te regalé un diciembre
para que vayas, soñando entre tus manos,
repitiendo:
no hay meses:
hay trigo, hay frutas, hay lluvia,
hay río, orquídeas, alegría…
una mentira el tiempo.
Y te quedes dormida.

domingo, 21 de diciembre de 2008

PARA CELEBRAR LA NAVIDAD...Por la alegría de nuestros niños... a todos un abrazo y todas las felicidades juntas... que el 2009 sea de prosperidad...

EL PINO[i]

HANS CHRISTHIAN ANDERSEN

Allá lejos en el bosque había un pino: ¡qué pequeño y qué bonito era! Tenía un buen sitio donde crecer y todo el aire y la Luz que quería, y estaba además acompañado por otros camaradas mayores que él, tantos pinos como abetos. ¡Pero se empeñaba en crecer con tan apasionada prisa!

No prestaba la menor atención al sol ni a la dulzura del aire, ni ponía interés en los niños campesinos que pasaban charlando por el sendero cuando salían a recoger frutillas.

A veces llegaban con una canasta llena, o con unas cuantas ensartadas en una caña, y se sentaban a su lado.

—¡Mira qué arbolito tan lindo! —decían—. Pero al arbolito no le gustaba nada oírles hablar así.

Al año siguiente se alargó hasta echar un nuevo nudo, y un año después, otro más alto aún. Ya se sabe que, tratándose de pinos, siempre es posible conocer su edad por el número de nudos que tienen.

—¡Oh, si pudiera ser tan alto como los demás árboles! —suspiraba—. Entonces podría extender mis ramas todo alrededor y miraría el vasto mundo desde mi copa. Los pájaros vendrían a hacer sus nidos en mis ramas y, siempre que soplase el viento, podría cabecear tan majestuosamente como los otros.

No lo contentaban los pájaros ni el sol, ni las rosadas nubes que, mañana y tarde, cruzaban navegando allá en lo alto.

Cuando venía el invierno y la resplandeciente blancura de la nieve se esparcía por todas partes, era frecuente que algún conejo se acercase dando rápidos brincos y saltase justamente por encima del pinito. ¡Oh, qué humillante era aquello!… Pero pasaron dos inviernos, y al tercero había crecido tanto, que los conejos viéronse forzados a rodearlo. "Sí, crecer, crecer, hacerse alto y mayor; esto es lo importante", —pensaba.

En el otoño siempre venían los leñadores a cortar algunos de los árboles más altos. Todos los años pasaba lo mismo, y el joven pino, que ya tenía una buena altura, temblaba sólo de verlos, pues los árboles más grandes y espléndidos crujían y acababan desplomándose en tierra. Entonces les cortaban todas las ramas, y quedaban tan despojados y flacos que era imposible reconocerlos; luego los cargaban en carretas y los caballos los arrastraban fuera del bosque.

¿Adónde se los llevaban? ¿Cuál sería su suerte?

En la primavera, tan pronto llegaban la golondrina y la cigüeña, el árbol les preguntaba:

—¿Saben ustedes a dónde han ido los otros árboles, a dónde se los han llevado? ¿Los han visto acaso?

Las golondrinas nada sabían, pero la cigüeña se quedó pensativa y respondió, moviendo la cabeza:

—Sí, creo saberlo. A mi regreso de Egipto encontré un buen número de nuevos veleros; tenían unos mástiles espléndidos, y en cuanto sentí el aroma de los pinos comprendí que eran ellos. ¡Oh, y qué derechos iban!

—¡Cómo me gustaría ser lo bastante grande para volar atravesando el mar! Y dicho sea de paso, ¿cómo es el mar? ¿A qué se parece?

—Sería demasiado largo explicártelo —respondió la cigüeña, y prosiguió su camino.

—Alégrate de tu juventud —dijeron los rayos del sol—; alégrate de tu vigoroso crecimiento y de la nueva vida que hay en ti.

Y el viento besó al árbol, y el rocío lo regó con sus lágrimas. Pero él era aún muy tierno y no comprendía las cosas.

Al acercarse la Navidad los leñadores cortaron algunos pinos muy jóvenes, que ni en edad ni en tamaño podían medirse con el nuestro, siempre inquieto y siempre anhelando marcharse. A estos jóvenes pinos, que eran justamente los más hermosos, les dejaron todas sus ramas. Así los depositaron en las carretas y así se los llevaron los caballos fuera del bosque.

—¿Adónde pueden ir? —se preguntaba el pino—. No son mayores que yo; hasta había uno que era mucho más pequeño. ¿Por qué les dejaron todas sus ramas? ¿Adónde los llevan?

—¡Nosotros lo sabemos, nosotros lo sabemos! —piaron los gorriones—. Hemos atisbado por las ventanas, allá en la ciudad; nosotros sabemos adónde han ido. Allí les esperan toda la gloria y todo el esplendor que puedas imaginarte. Nosotros hemos mirado por los cristales de las ventanas y vimos cómo los plantaban en el centro de una cálida habitación, y cómo los adornaban con las cosas más bellas del mundo: manzanas doradas, pasteles de miel, juguetes y cientos de velas.

—¿Y luego? —preguntó el pino, estremeciéndose en todas sus ramas—. ¿Y luego? ¿Qué pasa luego?

—Bueno, no vimos más —respondieron los gorriones—. Pero lo que vimos era magnífico.

—¡Si tendré yo la suerte de ir alguna vez por tan deslumbrante sendero! —exclamó el árbol con deleite—. Es aun mejor que cruzar el océano. ¡Qué ganas tengo de que llegue la Navidad! Ahora soy tan alto y frondoso como los que se llevaron el año pasado. ¡Oh, si estuviese ya en la carreta, si estuviese ya en esa cálida habitación en medio de ese brillo resplandeciente! ¿Y luego? Sí, luego tiene que haber algo mejor, algo aún más bello esperándome, porque si no, ¿para qué iban a adornarme de tal modo?, algo mucho más grandioso y espléndido. Pero ¿qué podrá ser? ¡Oh, qué dolorosa es la espera! Yo mismo no sé lo que me pasa.

—Alégrate con nosotros —dijeron el viento y la luz del sol— alégrate de tu vigorosa juventud al aire libre.

Pero el pino no tenía la menor intención de seguir su consejo. Continuó creciendo y creciendo; allí se estaba en invierno lo mismo que en verano, siempre verde, de un verde bien oscuro. La gente decía al verlo:

—¡Ése sí que es un hermoso árbol!

Y al llegar la Navidad fue el primero que derribaron. El hacha cortó muy hondo a través de la corteza, hasta la médula, y el pino cayó a tierra con un suspiro, desfallecido por el dolor, sin acordarse para nada de sus esperanzas de felicidad. Lo entristecía saber que se alejaba de su hogar, del sitio donde había crecido; nunca más vería a sus viejos amigos, los pequeños arbustos y las flores que vivían a su alrededor, y quizás ni siquiera a los pájaros. No era nada agradable aquella despedida.

No volvió en sí hasta que lo descargaron en el patio con los otros árboles y oyó a un hombre que decía:

—Éste es el más bello, voy a llevármelo.

Vinieron, pues, dos sirvientes de elegante uniforme y lo trasladaron a una habitación espléndida. Había retratos alrededor, colgados de todas las paredes, y dos gigantescos jarrones chinos, con leones en las tapas, junto a la enorme chimenea de azulejos. Había sillones, sofás con cubiertas de seda, grandes mesas atestadas de libros de estampas y juguetes que valían cientos de pesos, o al menos así lo creían los niños. Y el árbol fue colocado en un gran barril de arena, que nadie habría reconocido porque estaba envuelto en una tela verde, y puesto sobre una alfombra de colores brillantes. ¡Cómo temblaba el pino! ¿Qué pasaría luego? Tanto los sirvientes como las muchachas se afanaron muy pronto en adornarlo. De sus ramas colgaron bolsitas hechas con papeles de colores, cada una de las cuales estaba llena de dulces. Las manzanas doradas y las nueces pendían en manojos como si hubiesen crecido allí mismo, y cerca de cien velas, rojas, azules y blancas quedaron sujetas a las ramas. Unas muñecas que en nada se distinguían de las personas —muñecas como no las había visto antes el pino— tambaleándose entre el verdor, y en lo más alto de todo habían colocado una estrella de hojalata dorada. Era magnífico; jamás se había visto nada semejante.

—Esta noche —decían todos—, esta noche sí que va a centellear. ¡Ya verás!

"¡Oh, si ya fuese de noche!”, pensó el pino. ¡Si ya las velas estuviesen encendidas! ¿Qué pasará entonces?, me pregunto. ¿Vendrán a contemplarme los árboles del bosque? ¿Volarán los gorriones hasta los cristales de la ventana? ¿Echaré aquí raíces y conservaré mis adornos en invierno y en verano?”

Esto era todo lo que el pino sabía. De tanta impaciencia, comenzó a dolerle la corteza, lo que es tan malo para un árbol como el dolor de cabeza para nosotros.

Por fin se encendieron las velas y ¡qué deslumbrante fiesta de luces! El pino se echó a temblar con todas sus ramas, hasta que una de las velas prendió fuego a las hojas. ¡Huy, cómo le dolió aquello!

—¡Oh, qué lástima! —exclamaron las muchachas, y apagaron rápidamente el fuego. El árbol no se atrevía a mover una rama; tenía terror de perder alguno de sus adornos y se sentía deslumbrado por todos aquellos esplendores… De pronto se abrieron de golpe las dos puertas corredizas y entró en tropel una bandada de niños que se abalanzaron sobre el pino como si fuesen a derribarlo, mientras las personas mayores los seguían muy pausadamente. Por un momento los pequeñuelos se estuvieron mudos de asombro, pero sólo por un momento. Enseguida sus gritos de alegría llenaron la habitación. Se pusieron a bailar alrededor del pino, y luego le fueron arrancando los regalos uno a uno.

"Pero, ¿qué están haciendo?”, pensó el pino. ¿Qué va a pasar ahora?"

Las velas fueron consumiéndose hasta las mismas ramas, y en cuanto se apagó la última, dieron permiso a los niños para que desvalijasen al árbol. Precipitáronse todos a una sobre él, haciéndolo crujir en todas y cada una de sus ramas, y si no hubiese estado sujeto del techo por la estrella dorada de la cima se habría venido al suelo sin remedio.

Los niños danzaron a su alrededor con los espléndidos juguetes, y nadie reparó ya en el árbol, a no ser una vieja nodriza que iba escudriñando entre las hojas, aunque sólo para ver si por casualidad quedaban unos higos o alguna manzana rezagada.

—¡Un cuento, cuéntanos un cuento! —exclamaron los niños, arrastrando con ellos a un hombrecito gordo que fue a sentarse precisamente debajo del pino.

—Aquí será como si estuviésemos en el bosque —les dijo—, y al árbol le hará mucho bien escuchar el cuento. Pero sólo les contaré una historia. ¿Les gustaría el cuento de Ivede-Avede, o el de Klumpe-Dumpe, que aun cayéndose de la escalera subió al trono y se casó con la princesa?

—¡Klumpe-Dumpe! —gritaron algunos, y otros reclamaron a Ivede-Avede. El griterío y el ruido eran tremendos; sólo el pino callaba, pensando:

"¿Me dejarán a mí fuera de todo esto? ¿Qué papel me tocará representar?"

Pero, claro, ya había desempeñado su papel, ya había hecho justamente lo que tenía que hacer.

El hombrecito gordo les contó la historia de Klumpe-Dumpe, que aun cayéndose de la escalera subió al trono y se casó con la princesa. Y los niños aplaudieron y exclamaron:

—¡Cuéntanos otros! ¡Uno más!

Querían también el cuento de Ivede-Avede, pero tuvieron que contentarse con el de Klumpe-Dumpe. El pino permaneció silencioso en su sitio, pensando que jamás los pájaros del bosque habían contado una historia semejante.

"De modo que Klumpe-Dumpe se cayó de la escalera y, a pesar de todo, se casó con la princesa.

¡Vaya, vaya; así es como se progresa en el gran mundo!"., pensaba. “Seguro que tenía que ser cierto si aquel hombrecito tan agradable lo contaba.

Bien, ¿quién sabe? Quizás me caiga yo también de una escalera y termine casándome con una princesa."
Y se puso a pensar en cómo lo adornarían al día siguiente, con velas y juguetes, con oropeles y frutas.

—Mañana sí que no temblaré —se decía—. Me propongo disfrutar de mi esplendor todo lo que pueda. Mañana escucharé de nuevo la historia de Klumpe-Dumpe, y quizás también la de Ivede-Avede.

Y toda la noche se la pasó pensando en silencio.

A la mañana siguiente entraron el criado y la sirvienta.

"Ahora las cosas volverán a ser como deben", pensó el pino.

Mas, lejos de ello, lo sacaron de la estancia y, escaleras arriba, lo condujeron al desván, donde quedó tirado en un rincón oscuro, muy lejos de la luz del día.

"¿Qué significa esto? —se maravillaba el pino—. ¿Qué voy a hacer aquí arriba? ¿Qué cuentos puedo escuchar así?"

Y se arrimó a la pared, y allí se estuvo pensando y pensando… Tiempo para ello tenía de sobra, mientras pasaban los días y las noches. Nadie subía nunca, y cuando por fin llegó alguien fue sólo para amontonar unas cajas en el rincón. Parecía que lo habían olvidado totalmente.

"Ahora es el invierno afuera”, pensaba el pino. “La tierra estará dura y cubierta de nieve, de modo que sería imposible que me plantasen; tendré que permanecer en este refugio hasta la primavera.
¡Qué considerados son! ¡Qué buena es la gente!… Si este sitio no fuese tan oscuro y tan terriblemente solitario!… Si hubiese siquiera algún conejito… ¡Qué alegre era estar allá en el bosque, cuando la nieve lo cubría todo y llegaba el conejo dando saltos! Sí, ¡aun cuando saltara justamente por encima de mí, y a pesar de que esto no me hacía ninguna gracia! Aquí está uno terriblemente solo."

—¡Cuic! —chilló un ratoncito en ese mismo momento, colándose por una grieta del piso; y pronto lo siguió otro. Ambos comenzaron a husmear por el pino y a deslizarse entre sus ramas.

—Hace un frío terrible —dijeron los ratoncitos—, aunque éste es un espléndido sitio para estar. ¿No te parece, viejo pino?

—Yo no soy viejo —respondió el pino—. Hay muchos árboles más viejos que yo.

—¿De dónde has venido? —preguntaron los ratones, pues eran terriblemente curiosos—, ¿qué puedes contarnos? Háblanos del más hermoso lugar de la tierra. ¿Has estado en él alguna vez? ¿Has estado en la despensa donde los quesos llenan los estantes y los jamones cuelgan del techo, donde se puede bailar sobre velas de sebo y el que entra flaco sale gordo?

—No —respondió el pino—, no conozco esa despensa, pero en cambio conozco el bosque donde brilla el sol y cantan los pájaros.

Y les habló entonces de los días en que era joven. Los ratoncitos no habían escuchado nunca nada semejante, y no perdieron palabra.

—¡Hombre, mira que has visto cosas! —dijeron—. ¡Qué feliz habrás sido!

—¿Yo? —preguntó el pino, y se puso a considerar lo que acababa de decir—. Sí, es cierto; eran realmente tiempos muy agradables.

Y pasó a contarles lo ocurrido en Nochebuena, y cómo lo habían adornado con pasteles y velas.

—¡Oooh! —dijeron los ratoncitos—. ¡Sí que has sido feliz, viejo pino!

—Yo no tengo nada de viejo —repitió el pino—. Fue este mismo invierno cuando salí del bosque.

Estoy en plena juventud: lo único que pasa es que, por el momento, he dejado de crecer.

—¡Qué lindas historias cuentas! —dijeron los ratoncitos. Y a la noche siguiente regresaron con otros cuatro que querían escuchar también los relatos del pino. Mientras más cosas contaba, mejor lo iba recordando todo, y se decía:

—Aquellos tiempos sí que eran realmente buenos; pero puede que vuelvan otra vez, puede que vuelvan… Klumpe-Dumpe se cayó de la escalera y, aun así, se casó con la princesa; quizás a mí me pase lo mismo.

Y justamente entonces el pino recordó a una tierna y pequeña planta de la familia de los abedules que crecía allá en el bosque, y que bien podría ser, para un pino, una bellísima princesa.

—¿Quién es Klumpe-Dumpe? —preguntaron los ratoncitos. Y el pino les contó toda la historia, pues podía recordar cada una de sus palabras; y los ratoncitos se divirtieron tanto que querían saltar hasta la punta del pino de contentos que estaban. A la noche siguiente acudieron otros muchos ratones, y, el domingo, hasta se presentaron dos ratas. Pero éstas declararon que el cuento no era nada entretenido, y esto desilusionó tanto a los ratoncitos, que también a ellos empezó a parecerles poco interesante.

—¿Es ése el único cuento que sabes? —preguntaron las ratas.

—Sí, el único —respondió el pino—. Lo oí la tarde más feliz de mi vida, aunque entonces no me daba cuenta de lo feliz que era.

—Es una historia terriblemente aburrida. ¿No sabes ninguna sobre jamones y velas de sebo? ¿O alguna sobre la despensa?

—No —dijo el pino.

—Bueno, entonces, muchas gracias —dijeron las ratas, y se volvieron a casa.

Al cabo también los ratoncitos dejaron de venir, y el árbol dijo suspirando.

—Era realmente agradable tener a todos esos simpáticos y ansiosos ratoncitos sentados a mi alrededor, escuchando cuanto se me ocurría contarles. Ahora esto se acabó también… aunque lo recordaré con gusto cuando me saquen otra vez afuera.

Pero, ¿cuándo sería esto? Ocurrió una mañana en que subieron la gente de la casa a curiosear en el desván. Movieron de sitio las cajas y el árbol fue sacado de su escondrijo. Por cierto que lo tiraron al suelo con bastante violencia, y, enseguida, uno de los hombres lo arrastró hasta la escalera, donde brillaba la luz del día.

"¡La vida comienza de nuevo para mí!", pensó el árbol. Sintió el aire fresco, los primeros rayos del sol… y ya estaba afuera, en el patio. Todo sucedió tan rápidamente, que el árbol se olvidó fijarse en sí mismo. ¡Había tantas cosas que ver en torno suyo! El patio se abría a un jardín donde todo estaba en flor. Fresco y dulce era el aroma de las rosas que colgaban de los pequeños enrejados; los tilos habían florecido y las golondrinas volaban de una parte a otra cantando:

—¡Quirre-virre-vit, mi esposo ha llegado ya! —pero, es claro, no era en el pino en quien pensaban.

—¡Esta sí que es vida para mí! —gritó alegremente, extendiendo sus ramas cuanto pudo. Pero, ¡ay!, estaban amarillas y secas y se vio tirado en un rincón, entre ortigas y hierbas malas. La estrella de papel dorado aún ocupaba su sitio en la cima y resplandecía a la viva luz del sol.

En el patio jugaban algunos de los traviesos niños que por Nochebuena habían bailado alrededor del árbol, y a quienes tanto les había gustado. Uno de los más pequeños se le acercó corriendo y le arrancó la reluciente estrella dorada.

—¡Mira lo que aún quedaba en ese feo árbol de Navidad! —exclamó, pisoteando las ramas hasta hacerlas crujir bajo sus zapatos.

Y el árbol miró la fresca belleza de las flores en el jardín, y luego se miró a sí mismo, y deseó no haber salido jamás de aquel oscuro rincón del desván. Recordó la frescura de los días que en su juventud pasó en el bosque, y la alegre víspera de Navidad, y los ratoncitos que con tanto gusto habían escuchado la historia de Klumpe-Dumpe.

—¡Todo ha terminado! —se dijo—. ¡Lástima que no haya sabido gozar de mis días felices! ¡Ahora, ya se fueron para siempre!

Y vino un sirviente que cortó el árbol en pequeños pedazos, hasta que hubo un buen montón que ardió en una espléndida llamarada bajo la enorme cazuela de cobre. Y el árbol gimió tan alto que cada uno de sus quejidos fue como un pequeño disparo. Al oírlo, los niños que jugaban acudieron corriendo y se sentaron junto al fuego; y mientras miraban las llamas, gritaban: "¡pif!, ¡paf!", a coro. Pero a cada explosión, que era un hondo gemido, el árbol recordaba un día de verano en el bosque, o una noche de invierno allá afuera, cuando resplandecían las estrellas. Y pensó luego en la Nochebuena y en Klumpe-Dumpe, el único cuento de hadas que había escuchado en su vida y el único que podía contar… Y cuando llegó a este punto, ya se había consumido enteramente.

Los niños seguían jugando en el patio. El más pequeño se había prendido al pecho la estrella de oro que había coronado al pino la noche más feliz de su vida. Pero aquello se había acabado ya, igual que se había acabado el árbol, y como se acaba también este cuento. ¡Sí, todo se acaba, como les pasa al fin a todos los cuentos!

[i] http://www.navidadlatina.com/cuentosypoesias/elpino.asp

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